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Teoría de la originalidad

Arturo Ramírez de Ledesma-Cambronero es periodista y consultor especializado en TIC
06/02/2006.


6 comentarios · escribe el tuyo

Internet es, ante todo, un mar de información. Esto, que podría parecer jauja para los medios de comunicación, está provocando sin embargo numerosos problemas con respecto a la originalidad de los contenidos.

El pasado domingo 22 de enero, el que esto suscribe se acercó al quiosco como cada mañana para comprar la prensa. El diario El País publicó ese día un reportaje sobre la Guardia del Vaticano; un contenido sin duda de elaboración propia y, por lo mismo, prácticamente imposible de encontrar en cualquier otro medio.

Bien pues, a las tres de la tarde, viendo el telediario de Antena 3 mientras comía, observé estupefacto cómo el presentador comenzaba a disertar sobre la Guardia vaticana con la cara y el tono de satisfacción del que se apresta a dar una exclusiva, como se conoce en el argot. Una información con sus correspondientes imágenes, indudablemente de archivo.

Altamente sospechoso, en definitiva; porque todos los medios coinciden en hablar del Estatut, el Real Madrid o Evo Morales. Pero es difícilmente creíble la casualidad en el tema que mencionamos. Eso sí, en ningún momento El País hizo pública mención alguna sobre el particular en los días sucesivos, algo que por otra parte honra al prestigioso periódico.

Venimos refiriéndonos al mundo offline. Centrémonos ahora en lo que ocurre en la Red. Como decíamos al comienzo, está plagada de información. Pero la característica más decisiva del periodismo online es su viveza, el llamado tiempo real. Algo que en definitiva convierte en una ardua tarea determinar quién fue el primero en encontrar tal cuestión, o aquella noticia, o ese estudio tan suculento.

Sin embargo, esto no debería resultar de mayor consideración. Salvando la transcripción literal de los teletipos de las agencias de noticias –practicada por todos los medios de forma absolutamente legítima, pues para eso están dichas agencias-, todo contenido sobre idéntico tema está tamizado por la propia labor del periodista; una cita de un autor ilustre aquí, un ejemplo histórico allá, una forma de expresarse culta, etc, servirán para diferenciar cada artículo porque éste será hijo de la cultura, del bagaje, de cada periodista, y por lo mismo más o menos brillante e impactante.

¿Las apariencias engañan?

Una de las características más aplaudidas de Internet es su factor iconoclasta. Es fama (y cierto en realidad) que los empleados de la Red son mayoritariamente jóvenes; que son coleguitas, desinteresados, idealistas y melenudos. Que abogan por compartir, por la libre distribución de contenidos. Pero ¿es esto cierto o solamente fachada?

Porque es de notar que cada día se producen más disputas en torno a la originalidad de las informaciones. Bien es verdad que no trascienden en demasía, pues que no hablamos de grandes conglomerados mediáticos sino de pymes en un 99,99% de los casos. Pero, para los que estamos en el ajo, la cuestión es candente, palpitante. Y altamente negativa; una riña de patio de vecindad absurda y desagradable que no contribuye en absoluto a potenciar la imagen del periodismo digital.

Al modo de los matrimonios que se las dan de modernos pero tratan de mantener atados al regazo a sus hijos/as hasta edades abultadas, aplicando su progresismo de salón solamente a los vástagos de los demás, muchas webs y medios informativos online verían incrementada de forma notable su cuenta de resultados si, en lugar de andar a la caza y captura de los que osan compartir sus inigualables exclusivas (como si la información disponible fuera de su propiedad, o no se pudiera acceder a la misma una vez que han hecho de ella), se preocuparan de contar con comunicadores capaces de transmitir las historias de forma personal e intransferible y no con becarios y redactores novatos.

En efecto, cuanto más pobrediablesco es el sitio en cuestión, más grande es el tamaño de su ombligo. Por ello, el panorama español de medios de comunicación en la Red (ignoramos o no conocemos en profundidad lo que acontece en otros países) debe realizar cuanto antes un esfuerzo de purificación y humildad para que los árboles no nos impidan ver el bosque.

Arturo Ramírez de Ledesma-Cambronero es periodista y consultor especializado en TIC

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Comentarios

Se han escrito 6 comentarios a este texto. Puedes escribir el tuyo.

Enviado por el enviado lisérgico, el 06/02/2006 11:04:00

Creo que sucede especialmente en televisión, pero también en radio y prensa. Dar la noticia acaba siendo más importante que la noticia en sí, no es tampoco nada nuevo. Nuestra mentalidad social ya está hecha a ello y un diario que no recoga algo expuesto por otro, lo despreciamos por incompleto. Así, los medios tienden a salvar su imagen informativa más que a informar y se produce esa reververación, ese eco, un frente de noticias que todo medio debe recoger si quiere ser respetado y deja, por ello, otro frente en el olvido. Otro riesgo es que ciertas noticias adquieran carácter de relevancia a base de insistencia, por el simple hecho de haber sido portada de diferentes medios lo que pudo deberse a esa tendencia a la homogeneidad más que al valor social del hecho en sí. Interesante artículo, creo que plantea un largo, y quizás olvidado, o relegado debate acerca del derecho a la información. Un abrazo.

Enviado por Juan Pablo, el 06/02/2006 11:18:00

A la gente parece que le gusta escuchar una y otra vez las mismas noticias. Fíjense en los telediarios de Antena 3, que son líderes en audiencia: a las 3 de la tarde y a las 9 de la noche repiten el 80% de las informaciones, que por cierto son prácticamente las mismas que las de los demás telediarios nacionales, tal vez con la excepción de los sucesos, ya que en A3 lo que más parece gustar (y por tanto a la audiencia, si ellos son líderes) es la truculencia. En cambio, el telediario de las 21:50 en La 2, no lo ve nadie, tal vez porque da inforamciones alternativas y que tratan de remover las conciencias, en vez de dedicar 10 minutos a los sucesos, 10 a la crispación política nacional y 10 a los deportes.

Enviado por Rodolfo Carpintier, el 06/02/2006 12:07:00

Arturo tiene razón en cuanto a lo de mirarse al ombligo. El "derecho a cita" está cada día más perseguido y existe una guardia pretoriana siguiendo a quienes "citan de forma insuficiente" al medio original. Es ponerle puertas al campo. Internet puede hacer mucho para ampliar la capacidad de informar de cualquier medio pero, para que lo haga, es conveniente que todos seamos algo más fáciles con nuestros propios contenidos. Todos tenemos que contribuir con nuestro granito de arena...

Enviado por Jepes, el 06/02/2006 19:22:00

melenudos ?

Enviado por Loki, el 06/02/2006 21:13:00

La verdad es que el artículo es una reacción final ante un hecho concreto que no tiene por qué responder al plagio. Hay que tener en cuenta que muchas veces se pasa la información tal y como la suministran las agencias, por lo que es más que probable que en este caso haya ocurrido lo mismo. No obstante, dejémoslo en un "inocente a falta de pruebas" ;)

Enviado por leidy lucero, el 04/09/2006 18:04:00

la originalidad es la persona real en lo que se enfoca similares capacidades en sus propios medios para tomar medidas radicales

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